Textos y Publicaciones

3 de mayo de 2021

La esperanza de nuestra vida

13 de febrero de 2021

Crucemos este desierto

13 de octubre de 2020

Los tiempos que nos tocan vivir

4 de mayo de 2020

La llamada

10 de febrero de 2020

A ti, con tu nombre y apellidos

1 de mayo de 2019

Ave Maria, Ave verum Corpus

16 de octubre de 2018

מרתא

13 de mayo de 2018

Hágase en mí

Hermano Mayor

Antonio Távora Alcalde

La llamada

4 de mayo de 2020

Hoy quiero llamar al 954384015, el teléfono de toda la vida de nuestra Hermandad. Hoy quiero llamar a mi Hermandad, a tu Hermandad, a nuestra Hermandad. Quiero llamar porque me hace falta, porque necesito comunicarme con los hermanos, porque somos personas, la Hermandad somos personas, independientemente de nuestra devoción a los Sagrados Titulares y a la vivencia que semana a semana tengamos a través de las múltiples celebraciones a lo largo del calendario. La Hermandad somos personas, y en ese convencimiento hemos estado trabajando desde la Junta de Gobierno en estas últimas semanas.

Creo que muchos hemos recibido una llamada, la de la Hermandad, pero también vosotros y yo hemos recibido en estos días otro tipo de llamada.

La llamada a regenerar la naturaleza, donde hemos podido ver anima- les deambulando libre y felizmente por nuestra ciudad como si de un bos- que o reserva natural se tratara.

La llamada al amor entre las familias ¿cuántos de nosotros hemos po- dido estar más de cuarenta días juntos las 24 horas con nuestros defectos, vicios y virtudes? Dicen en Tierra Santa que el número cuarenta que apa- rece en la Biblia en diversas ocasiones se identifica con “lo suficiente”.

La llamada a la comprensión, a la que no hemos tenido más remedio que acostumbrarnos porque nuestras normas de convivencia domicilia- ria por el confinamiento han tenido que cambiar. Ceder, dar, colaborar, atender y ayudar.

La llamada a la serenidad y a la paciencia, a la fortaleza y a la fe, porque si no lo que nos ha ocurrido hubiera terminado arrastrando nuestro ser a los más profundo del abismo.

La llamada a la oración, pues siempre nos acordamos de Santa Barbara cuando truena, y quizás teníamos que estar más cerca de Dios antes de tener que vivir estos momentos.

La llamada a la mesura, pues lo que estábamos viviendo se nos iba de las manos, todo valía y las leyes más elementales de la naturaleza las vulnerábamos como si no tuvieran cabida en nuestro mundo.

La llamada a la ternura y a la comprensión, a saber más sobre nuestros vecinos, a poder querer a una persona porque conocemos sus circunstancias, y solo con un buenos días o el gesto de la paz en una misa no eran suficientes.

La llamada a tu hermano, a aquel que no le hablabas (ahora sabes que era por una tontería) desde hacía mucho tiempo y ahora cuando vemos que todo se puede acabar de manera repentina nos entra el sentido del arrepentimiento.

La llamada al duelo, porque se nos han ido muchas personas, allegadas y anónimas, en la más triste de las circunstancias sin poder decir ni siquiera una breve oración, ni un apretón de manos o un adiós siquiera con la mirada.

La llamada a la caridad, pues seguro que has obrado el bien cuando te has enterado de alguna necesidad, incluso de alguna persona que no conocías, pero descubrías que haciendo el bien se puede ser mucho más feliz.

La llamada a volver a ser, pues nos hemos dado cuenta que muchos valores y prioridades de nuestra vida estaban desposicionados en la escala de valores que debe ser la correcta, la que siempre pensamos pero que nunca llevamos a cabo.
La llamada a abandonar al demonio en forma de dinero y placeres superfluos, pues nos hemos dado cuenta que no podemos arreglar las cosas más importantes de la vida con estas herramientas.

La llamada a la amistad, puesto que esto ha sido como una Navidad a lo grande, ya que hemos contactado no solo con los que llamamos en esas fechas, sino a otros por los que nunca nos preocupamos.

En definitiva, la llamada de Dios a cada uno de nosotros, pues no íbamos por buen camino y lo más minúsculo de la creación ha fastidiado nuestras vidas, quizás por no darle valor a los pequeños detalles y atender a lo que realmente nos traía más placer. Creo que el Señor se vale de ciertas situaciones para encaminar a todo un planeta y todo esto aunque no lo queramos creer nos ha metido a cada uno en nuestro sitio. De nosotros depende ahora no dejar nuestra nueva ubicación. Hoy quiero llamar a mi Hermandad, donde nos hemos privado de gozar de la presencia de nuestros titulares: el Cristo de la Caridad, Nuestra Señora de las Penas y Santa Marta durante muchos días y quiero llamar allí para creer que el Señor resucitado sigue viviendo, y ahora lo hemos podido ver más cerca que nunca en todo el escenario que se nos ha planteado por delante. No hemos visto a nuestras imágenes y sin embargo hemos visto el rostro de Dios en las llamadas de nuestro prójimo.

¿ Y el Lunes Santo? La Hermandad somos personas.