El tiempo de Adviento

"La Anunciación". Filippo Lippi

El Adviento es el tiempo con el que inauguramos el año litúrgico. Adviento viene de la palabra latina "adventus", que significa venida, llegada. Está compuesto por las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como un tiempo de preparación al Nacimiento del Señor.

Su origen histórico no es muy claro, pero parece situarse entre los siglos IV y VI, tanto en Oriente como en Occidente. En España, el Concilio de Zaragoza (hacia 380) habla de tres semanas de preparación a la Epifanía, con tono bautismal. Ya en el siglo VI, en la Roma de San Gregorio Magno, se testimonia su existencia con las cuatro semanas conocidas hoy.

El tiempo de Adviento comienza con las primeras vísperas del domingo que cae el 30 de noviembre o es el más próximo a este día, y acaba, en la tarde del día 24 de diciembre, antes de las primeras vísperas de Navidad.

LA TRIPLE DIMENSIÓN DEL ADVIENTO: histórica, presente, escatológica

El Adviento es el tiempo del ya pero todavía no. Dios se ha encarnado (Epifanía), “la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros" (jn 1, 14). Jesús es el rostro de Dios, es la Palabra definitiva, en Jesús se cumplen las promesas. Pero, en Adviento además nos preparamos a la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar al final de los tiempos (Parusía, manifestación gloriosa del Señor).

La celebración de la Navidad en la Hermandad el año 2.012 tendrá lugar el 28 de diciembre a las 20:45.

Luego el Adviento tiene una triple dimensión:

  • Histórica, en recuerdo, celebración y actualización del nacimiento de Jesucristo.
  • Presente, en la medida en que el misterio de la encarnación se sigue actualizando, y no sólo por la Liturgia: Jesús sigue naciendo y haciéndose presente en medio de nuestro mundo, en cada hombre que escucha y acoge la Palabra, en los acontecimientos y especialmente en los más pobres y necesitados. Cristo, hoy, nos sigue ofreciendo su salvación.
  • Escatológica, en preparación y en espera de la segunda y definitiva venida del Señor.
VIVIR EL ADVIENTO CRISTIANO

El tiempo de Adviento, es uno de los tiempos fuertes que la Iglesia nos propone, un tiempo propicio para reavivar la llama de la fe, para la revisión de la propia vida a la luz de Cristo, para renovar en nosotros el deseo y la esperanza de que venga Dios, “todo tiene su momento”  y, éste es el tiempo de ponernos en camino.

EL ADVIENTO: TIEMPO DE MARÍA

Entre los grandes personajes del Adviento, fundamentalmente el profeta Isaías (el gran pedagogo del Adviento) y Juan el Bautista, el precursor inmediato del Señor, aquel que viene a prepararle el camino (Mt 3,3); María, tiene un protagonismo especial. Ella es modelo de la espera. Ella se hizo “esperanza” en la medida en que fue haciendo suyo valiente y esforzadamente el Proyecto de Dios.

Vivamos el Adviento en profunda comunión con María, pongámonos en sus manos, que ella nos acompañe y nos guíe en el camino hacia el encuentro con Cristo.

LA LITURGIA DEL TIEMPO DE ADVIENTO

El tiempo de Adviento se organiza  en dos grandes bloques: el primero, que se extiende hasta el día 16 de diciembre, y prepara el Adviento escatológico (última venida); el segundo, que comprende del día 17 al 24 de diciembre, y es el tiempo de preparación inmediata a la Natividad del Señor.

Los domingos de Adviento tienen precedencia sobre las fiestas del Señor y las solemnidades.

El Adviento tiene como color litúrgico el morado que significa penitencia y conversión, en este caso, transidas de esperanza ante la inminente venida del Señor. El rosa puede emplearse en el III Domingo de Adviento (en consonancia con el mensaje de las lecturas: el gozo, la llamada a la Alegría).

En las celebraciones de estos cuatro domingos es muy usado el símbolo de la Corona de Adviento, se trata de   un conjunto de cuatro velas, con ramas vegetales, que una a una se van encendiendo en cada semana.

I DOMINGO DE ADVIENTO. Domingo, 2 de diciembre de 2012

¡Llama el Señor! ¡Nos llama, el Señor, en medio del desierto! A recuperar la alegría de la fe. Viene a nuestro encuentro, en cada circunstancia, para llenarnos de valor y de entereza, de audacia y de esperanza. ¿Seremos capaces de levantar las antenas de nuestra existencia para dejarnos guiar y llevar por El? ¡Vino, viene y vendrá el Señor! Para infundirnos ánimo y sacarnos de tantas fosas en las que nos hemos metido. ¡Necesitamos salvación! ¡Necesitamos a Jesucristo! ¡Bienvenido sea el adviento, tiempo de esperanza y días que nos adentran en los caminos de Dios!

Señor, enséñame tus caminos

Jeremías 33, 14-16. Suscitaré a David un vástago legítimo
Sal 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14. A ti, Señor, levanto mi alma.
I Tesalonicenses 3, 12-4,2. Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva
Lucas 21, 25-28. 34-36. Se acerca vuestra liberación

II DOMINGO DE ADVIENTO. Domingo, 9 de diciembre de 2012

En este segundo domingo de adviento, Juan Bautista nos desvela el secreto para encontrar y llegar hasta el Señor, y para comprometernos con Él, pues el Año de la Fe que estamos viviendo nos lo está pidiendo. Pero el camino no es otro que convertirnos de todo aquello que en nuestra vida no coincide con la exigencias de nuestra fe y que, por ello, ofende a Dios y a los hermanos En este segundo domingo de adviento, Juan Bautista nos desvela el secreto para encontrar y llegar hasta el Señor, y para comprometernos con Él, pues el Año de la Fe que estamos viviendo nos lo está pidiendo. Pero el camino no es otro que convertirnos de todo aquello que en nuestra vida no coincide con la exigencias de nuestra fe y que, por ello, ofende a Dios y a los hermanos

El Señor ha estado grande con nosotros

Baruc 5, 1-9. Dios mostrará tu esplendor
Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Filipenses 1, 4-6. 8-11. Que lleguéis al día de Cristo limpios e irreprochables
Lucas 3, 1-6. Todos verán la salvación de Dios

 III DOMINGO DE ADVIENTO. Domingo, 16 de diciembre de 2012

Necesitamos un poco de aliento en nuestro caminar. Algo que nos impulse a recuperar el brillo en nuestros ojos, el optimismo en nuestro vivir, la sonrisa en nuestros labios, la esperanza en el horizonte de nuestra sociedad. ¿Qué podemos esperar? ¿A quién? Estamos en el  domingo de la alegría. Y, la Navidad, es eso: una buena parte de alegría. La venida del Redentor es motivo de esperanza para la humanidad. No todos los días, el Señor, se planta en el corazón de nuestro mundo de una forma tan radical hacerse Hombre y ser Dios. Nuestra comunidad cristiana, nuestra Iglesia, necesita salvaguardar lo que nunca debe perder: la alegría que aporta la fe. La alegría que nos otorga el poner nuestros desvelos, trabajos, inquietudes y pensamientos en Cristo 

Él se goza y se complace en tí

Sofonías 3, 14-18ª. El Señor se alegra con júbilo en ti
Sal: Is 12, 2-3. 4bed. 5-6. Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.»
Filipenses 4, 4-7. El Señor está cerca
Lucas 3, 10-18. ¿Qué hacemos nosotros?

 IV DOMINGO DE ADVIENTO. Domingo, 18 de diciembre de 2011

Cuando el tiempo estuvo maduro -nos dice San Pablo- Dios nos envió a su Hijo, nacido de una mujer. En este, cuarto y último, domingo de adviento, la liturgia pone ante nuestra mirada a María. Y, por si fuera poco, en camino, para ver a su prima Isabel.

A pocos días de la celebración de la Navidad, la Virgen, es una puerta abierta a la esperanza. Por Ella, Cristo, aparecerá como la mejor lluvia desprendida de los mismos cielos. La Virgen María, al final de este tiempo de adviento, es un servicio a la espera de tantos hombres y mujeres que deseamos confiar e ir al encuentro de Dios como Ella mismo confió y se dejo llevar.

-María, la mujer creyente, también nos visita en estos días a nosotros.  -María, la mujer que aguarda, se sitúa en camino, nada le detiene.  -María, llena de Dios, ayuda a los que se encuentran en la misma condición que Ella.

Esperar con María al Nacimiento del Redentor, implica el ser pregoneros del mucho amor que Dios nos tiene.

Lectura de la profecía de Miqueas 5, 1-4ª. De ti saldrá el jefe de Israel
Sal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19.
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Lectura de la carta a los Hebreos 10, 5-10. Aquí estoy para hacer tu voluntad
Lucas 1, 39-45. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Oración para el Adviento del Año de la Fe

(Por Luis Ángel Montes Peral, biblista y sacerdote palentino. Fuente: Ecclesia, revista digital)

Hemos traspasado ya la puerta del Año de la Fe
y hemos entrado de lleno en el Adviento;
ese tiempo bendito en el que Tú no nos dejas huérfanos,
sigues viniendo a la sociedad, a la Iglesia, a España, a nuestras diócesis,
a nuestras unidades parroquiales y a cada una de nuestras personas.

¡Danos tu Santo Espíritu para no dejarte pasar de largo
y recibirte con entera confianza, auténtico amor y esperanza cierta!
¡Ven Señor Jesús y aumenta nuestra Fe
para contemplar con ojos limpios, mirada lúcida y obediencia a la realidad
los grandes y crecientes conflictos existentes en el mundo!
Que te veamos presente en medio de los desheredados de la tierra,
en los que soportan impotentes las injusticias estructurales,
en los que languidecen por causa de las hambrunas y pandemias.

¡Danos tu Espíritu, para rebelarnos contra el orden abusivo establecido!
¡Ven Señor Jesús, aumenta nuestra Fe
para integrarnos en la Familia del Padre teniéndote a Ti como Hermano Mayor!
Que experimentemos confiados que sigues viniendo una vez más a tu Iglesia,
cuando anunciamos la buena noticia del reino,
cuando transmitimos la Fe con la fuerza del testimonio y la verdad de la Palabra.

¡Daños tu Espíritu de alegría,
para evangelizar con la misma ilusión de los grandes misioneros del Evangelio!
¡Ven Señor Jesús, aumenta nuestra Fe
para no hacernos insensibles a los problemas de nuestra patria!
amenazada en su paz social por la grave crisis económica,
dividida por intereses partidistas y falta de auténtica solidaridad,
sacudida en su humanidad por los desahucios y la creciente pobreza.

¡Danos tu Espíritu de concordia,
para vivir con sobriedad y ayudar a los necesitados con los que Tú siempre te identificas!
¡Ven Señor Jesús, aumenta nuestra Fe
en los tiempos complejos que están viviendo nuestras comunidades diocesana!
Que obremos siempre con la misma caridad pastoral que Tú tuviste,
Que no seamos cobardes para defender los valores evangélicos
sin temer a nada ni a nadie.

¡Danos tu Espíritu de sabiduría,
para testificar con parresía la comunión con todos nuestros hermanos!
¡Ven Señor Jesús, aumenta mi pobre y necesitada Fe!
Que tu advenimiento en este tiempo de gracia y conversión
me encuentre preparado para recibirte en el santuario del corazón,
decidido, como pastor de la comunidad, a ser tu discípulo, que imita tu estilo de vida,
que ama como Tú amas
y que defiende la causa de los pobres y de los débiles
con la fidelidad con la que Tú lo hiciste.
¡Dame tu Espíritu para acogerte con verdaderas obras de amor!