Convocatorias

Sacramento de la Unción de Enfermos

24 de abril de 2018

El martes 24 de abril a las 20,30 h. tendrá lugar la celebración de la Eucaristía de Unción de Enfermos en este tiempo de Pascua a cargo de D. Jesús Maya, Párroco de San Andrés y San Martín.

La Unción de Enfermos es un sacramento de "vivos", destinado a personas de edad avanzada o que sufren enfermedad, y que cobra especial sentido en el tiempo de Pascua de Resurrección. Es "una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que nos lleva a renovar la confianza y la fe en Dios y fortalece al alma para que sea capaz de vencer las tentaciones de desaliento, y de angustia, especialmente." (Catec. n. 1520)

La Unción de los enfermos está claramente mostrada en la Biblia, en el Evangelio de Marcos encontramos: “Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Mc 6,12-13). La Carta de Santiago recomienda el sacramento y explica cómo debe ser administrado: “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados” (Stg 5,14-15).

Animamos a todos nuestros hermanos y allegados de mayor edad o que sufran alguna enfermedad que deseen participar en esta celebración gozosa en comunión con el restos de miembros de nuestra Hermandad.

Acerca del sacramento de la Unción de enfermos

Remitirse a los documentos oficiales de la Iglesia es siempre la fuente más clarificadora para aprender así como para disolver dudas al tiempo que deshacernos de ideas preconcebidas que en tantas ocasiones son erróneas.

Así, acercándonos al ritual de este sacramento lo descubrimos prologado por la “Constitución Apostólica sobre el Sacramento de la Unción de los enfermos” dado en Roma el 30 de noviembre de 1972 por Su Santidad, Pablo VI. Del citado documento se reproducen los siguientes párrafos entrecomillados y en cursiva,  muy claros por sí mismos, pero de los que se anotará algo para mayor comprensión.

“La sagrada unción de los enfermos, tal como lo reconoce y enseña la Iglesia católica, es uno de los siete sacramentos del Nuevo Testamento, instituido por Jesucristo, nuestro Señor, «esbozado ya en el evangelio de Marcos (Mc, 6,3), recomendado a los fieles y promulgado por el Apóstol Santiago. "¿Estás enfermo —dice— alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y que recen sobre él, después de ungirlo con óleo, en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará la enfermo, y el Señor lo curará, y, si ha cometido pecado, lo perdonará (St 5,14-15)»

“Testimonios sobre la unción de los enfermos se encuentran, desde tiempos antiguos en la Tradición de la Iglesia, especialmente en la litúrgica, tanto en Oriente como en Occidente.”

“El Concilio de Trento declaró su institución divina y examinó a fondo todo lo que se dice en la carta de Santiago acerca de la santa unción, especialmente lo que se refiere a la realidad ya los efectos del sacramento: «Tal realidad es la gracia del Espíritu Santo, cuya unción limpia los pecados, si es que aún quedan algunos por expiar, y las reliquias del pecado; alivia y conforta el alma del enfermo suscitando en el gran confianza en la divina misericordia, con lo cual el enfermo, confortado de este modo, sobrelleva mejor los sufrimientos y el peso de la enfermedad, resiste más fácilmente las tentaciones del demonio que "lo hiere en el talón" (Gen 3,15) y consigue a veces la salud del cuerpo si fuera conveniente a la salud de su alma»”

“El Concilio Vaticano II ha dicho ulteriormente: «La "extrema unción", que también, y mejor, puede llamarse "unción de enfermos" no es sólo el sacramento de quienes se encuentran en los últimos momentos de su vida. Por tanto, el tiempo oportuno para recibirlo comienza cuando el cristiano ya empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez» [10]. Además, que el uso de este sacramento sea motivo de solicitud para toda la Iglesia, lo demuestran estas palabras «La Iglesia entera encomienda al Señor paciente y glorificado a los que sufren con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, para que los alivie y los salve (cf St 5,14-16), más aún, los exhorta a que, uniéndose libremente a la pasión y a la muerte de Cristo (cf Rom 8.17; Col 7.24; 2Tim 2,11-12; 1P 4,13), contribuyan al bien del pueblo de Dios» 

En los párrafos anteriores y de modo sintético se expresa claramente la institución divina, que no quiere decir la pormenorización de todos los detalles doctrinales y litúrgicos por parte del Señor, pero sí que en su ministerio público tiene su origen, como el resto de los sacramentos y que la tradición apostólica lo promulgó.

Es amplio, a pesar de su brevedad en la exposición, el desarrollo que hace de la evolución doctrinal y litúrgica de este sacramento en la historia de la Iglesia, pero he querido fijarme en lo que escribe acerca de dos acontecimientos fundamentales: el Concilio de Trento, que responde a la necesidad de fijar la enseñanza del Señor y de la Iglesia en una época muy turbulenta dada a mucha confusión y el Concilio Vaticano II, que sin renunciar a la fidelidad a la Tradición recibida clarifica la exposición.

De la enseñanza del primero de los concilios reseñados se subraya la gracia y efectos del sacramento: la limpieza del pecado, el confortar al enfermo en medio de su malestar, la ayuda ante la tentación sin descartar la recuperación incluso de la salud si es voluntad del Señor. De este último término da fe la experiencia dilatada de ancianos sacerdotes.

Del Concilio Ecuménico reseña dos cosas importantes: primero que no es sacramento exclusivamente reservado para quienes por su situación se encuentran en inminente peligro de muerte, sin descartar estos, es por su mismo nombre y por cuanto se contempla en el modo de actuar de Cristo, sacramento para toda persona cuyas facultades físicas se encuentran mermadas, es decir, enfermos y ancianos. La segunda cosa importante que subraya es la solicitud que la Iglesia entera debe vivir hacia los enfermos, lo que ahora se conoce más como la pastoral de enfermos, o pastoral de la salud.

Finalmente, tras consideraciones referidas a particularidades sobre los ritos, y antes de fijar la fórmula para la administración, el documento dice “Este sacramento puede ser repetido, si el enfermo, tras haber recibido la unción, se ha restablecido y después ha recaído de nuevo en la enfermedad, o también si durante la misma enfermedad el peligro se hace más serio.”

A modo de aportación personal. Teniendo en cuenta que no es la única unción que recibimos, pues también somos ungidos en el bautismo por dos veces: una en el pecho antes de recibir el agua bautismal como signo de la ayuda real que a partir de ese momento recibimos del Espíritu Santo para luchar contra la tentación y otra en la coronilla tras ser bautizados para derramar con nuestras obras el buen olor de la caridad de Cristo; no olvidando que también fuimos ungidos el día de nuestra Confirmación para que el Espíritu Santo nos ayudara a ser testigos valientes del Señor, no tengamos miedo a recibir nuevamente la gracia del mismo Santo Espíritu que en la debilidad de nuestra salud viene en esta unción de enfermos a ayudarnos a ser buenos cristianos cuando más nos cuesta ser pacientes, amables, agradecidos, oferentes de nuestros sufrimientos al Señor por la salvación del mundo.